Debe ser el perfume que usas o el agua con la que te bañas, pero cada cosita que haces a mí me parece una hazaña.
Me besaste esa noche cual si fuera el único día de tu boca.
Cada vez que me acuerdo, yo siento en mi pecho el peso de una roca.
Son tus ojos marrones con esa veta verdosa, es tu cara de niño y esa risa nerviosa.
Por el puro placer de flotar ahora si me llevó la corriente, ya no puedo dormir ni comer como lo hace la gente decente.
Y tu recuerdo ha quedado en mí así como un broche prendido en mi almohada y tú en cambio que tienes memoria de pez no te acuerdas de nada.
Son tus manos de hombre, el olor de tu espalda, lo que no tiene nombre, lo logró tu mirada.


No hay comentarios:
Publicar un comentario